Wednesday, July 12, 2006

Durante este semestre he realizado una investigación y producción, basada en mi identidad, o lo que considero como tal, tratando de ubicarme siempre dentro de un contexto. Sobre el cual hablaré basándome en las palabras escritas por Juan Acha y Néstor Gracia Canclini ;en el presente ensayo.

Dentro de este contexto encontré mi lugar y en éste me involucré para saber más sobre mi identidad, por citar algunos ámbitos, la lucha libre y la dinámica de sus personajes, las expresiones populares como la música y la ropa, y los medios de comunicación masiva.

Según Juan Acha, , esta es la época en que se vive la posmodernidad, pero que los países latinoamericanos no deberíamos acatar todas las normas establecidas en Europa para la misma, sino que debemos establecer nuestra propias reglas.
Sin embargo, en México se vive en dos tiempos, a mi manera de ver, pues a pesar de tener un moderado acceso a lo que existe en el resto del mundo , se conserva ciertas actitudes que remiten a la época moderna. Y otras muchas aparecen como peculiaridades del mexicano.

Durante los años ochenta y noventa, el gobierno mexicano, con cada vez mas exaltación, la idea de que México, al fin habría de integrarse a esa utopía que llamaban “modernidad”.Hipotéticamente habría de traer un modo de vida comparable al de Europa, pero como ha venido demostrando la historia de los países en vías de desarrollo, la conducción de liberación económica no puede llevarse a cabo mas que a costa de los sueños de modernidad política y con un reparto cada vez mas perfecto de las desigualdades. Siempre he visto desigualdad, la cual ha generado un estereotipo, de lo que son las diferencias, de las personas y de lo que se debe pensar . En estas encuentro datos característicos de mi identidad.

La cultura contemporánea en México no puede ser mas escindida, vacilante, descolorida y confusa. Una mezcla que oscila entre el resuscitamiento de las momias aztecas del discurso oficial, las ilusiones cosmopolitas de los intelectuales y artistas de clases medias y los balbuceos de una posible cultura critica que no alcanza a definirse. Ante la imposibilidad de fabricar una mitología a partir de holocaustos de neoliberalismo volvieron los ojos al capital del mexicanismo.

Todo el mundo reconoció el “arte Mexica” ,la sofisticación de las zonas arqueológicas, a la internacional Frida Kahlo y el mundial de México 86 son ejemplos de cómo se intentó reafirmar el aparato iconográfico nacional para que sirviera como herramienta de internacionalización.

Una imagen de exportación para atraer al turismo y para que interiormente sirviera como fuente de legitimación para aquellos que se dedicaran a los aspectos culturales en México. Una construcción que, con distintas causa y programas políticos ha acabado por convertirse en un irremediable.
Todos los propósitos de esta época lucraron en su aroma de peculiaridad cultural, al grado de que en muchas ocasiones suplantara a todo Latinoamérica. Una de las paradojas de la cultura mexicanista es haber levantado sus sueños sobre el elogio del mestizaje y verse amenazado por la posibilidad de nuevas mezclas, en particular del modo de vida norteamericano.

Toda la identidad, y la representación de lo mexicano, es un caso ejemplar, es una fabricación política. Pero lo significativo de las construcciones de la identidad es que a pesar de ser artificiales acaban por ser asimiladas y puestas en juego .Por que las fronteras se evanescen , ya no como línea divisoria sino como una posibilidad latente en cualquier lugar del mundo, escenas que muestran como la frontera no es un lugar, sino una perturbación estética.

“ el lugar del artista no esta dentro de ninguna cultura en particular, sino en los intercitios entre ellas, en el transito”
(García Canclini Pág. 148)

Desde donde yo lo veo, las artes aspiran a formular un intercambio clarificado y auto conciente de las procedencias. Por un lado el multiculturalismo que aparentemente domina la escena artística luchando contra la uniformidad, y por otro lado, pone sobre la mesa el concepto de las culturas nacionales que el romanticismo formuló para los estados modernos, es el problema de las artes.

Entonces cuando se exhiben artistas y obras se dice que representan a sus naciones y los públicos que las observan, algunos, no dejan de esperar de ellas que se les revele una verdad. Esto es una ilusión ; la experiencia de la sociedad no se resume a un objeto o una imagen. Si una obra de arte puede inmiscuirse en la tarea de dar un sentido momentáneo a la masa contradictoria de estímulos puede, si a caso, aspirar a volverse un punto de referencia o un talismán de ayuda a vivir un contexto volátil, antes de caer en el propósito de definiciones congeladas de los “patrimonios culturales”.

La capacidad de tomar oposiciones , culturales, personales o políticas y crear una narración nueva e imaginativa, es la fortaleza del artista chicano, agrego, para todos los artistas. Es la capacidad de convertir ambigüedades de identidad en los rasgos de una visión que, irónicamente provienen de la experiencia; con frecuencia fragmentada pero reveladora.

Destacados autores políticos que han escrito sobre el tercer mundo han, identificado la dependencia poscolonial como obstáculo del progreso de los pueblos descolonizados. El meollo del problema para cualquier población poscolonial es la convicción generalizada de inferioridad, generada por el abuso prolongado del poder entre colonizador y colonizado. Se crece como cultura con un complejo y una necesidad de tener a algo o alguien por encima de los demás.

Una complicada situación propicia la ridiculización de las culturas nacionales y mas cuando, dominado por vecinos mas poderosos, la cultura es todo lo que la nación tiene para afirmarse, tal situación es aparentemente inevitable decadencia hacia el kitsch en los iconos de la cultura nacional autentica. Las imágenes proliferan : la Virgen de Guadalupe y las pirámides mayas, las mascaras aztecas y las serpientes emplumadas.

Las imágenes tienen sus historias, desenterradas y formadas en los proyectos culturales nacionalistas para simbolizar orígenes primordiales del espíritu de la nación, la raza. Pero mucho antes de su comercialización como señales de un exotismo seguro, exhibidas por las oficinas de turismo, cervecerías y líneas aéreas, la logica de su estandarizacion y de su circulación en la historia profunda de un pueblo y oponerlas a las formas híbridas e injertar las que han surgido en la forzada mezcla de culturas que implica la colonización.
Para estos fines deben desplegar en el nombre de la tradición misma las mas modernas técnicas de reproducción y difusión.

Hablando de lo estético, utilizaré como apoyo la división latinoamericana que propone Acha, en la que una parte esta definida por prolongación de la estética occidental venida en la colonia y la otra combina elementos de la estética autóctona con los de la medieval y con los de la africana, a los que se ha venido sumando la nueva “ colonia” del modelo norteamericano.
De la segunda , se haya centrada en la dramaticidad, comicidad y lo sublime que expresan sus oralidades; mitos y leyendas, música y canciones; corridos, donde surgen las historias de los héroes populares.
Ambas estéticas han existido como paradigmas, sin embargo existen amplios sectores demográficos que los mezclan y comienzan a generar una estética popular urbana y profana. Pero ambas no se encontraran en contacto directo ni se fusionaran. Los valores de la tendencia popular; se transformaran a fuerza de las persuasiones masivas, pero conservaran su tendencia a la sentimentalidad, comicidad y sublimidad. Los valores de la hegemónica se irán nacionalizando, con el tiempo y por presiones o convenciones políticas.
POR VICTOR

0 Comments:

Post a Comment

<< Home